En su repertorio figuran Mozart y Beethoven, pasando por Stockhausen, Brahms, Tchaikovski y Rachmaninoff, entre otros creadores. Pero esta noche Edda María Sangrígoli, acompañada por la Orquesta Estable, interpretará el Concierto Nº 2 en Do Menor para Piano y Orquesta, de Rachmaninoff.

Sangrígoli aprendió el piano con el mismo maestro de Martha Argerich y Bruno Gelber, y recuerda que los tres eran compañeros desde muy pequeña edad. Hoy su nombre aparece en los grandes conciertos internacionales, donde se destaca su virtuosismo.

"El Concierto Nº 2 de Rachmaninoff, un autor del período romántico tardío, es uno de los más populares, y tiene como una gracia íntima; todas sus melodías son sublimes y se recuerdan para toda la vida", señala la pianista. Entrevistada por LA GACETA, ella explicó que Rachmaninoff era un neurótico, enfermo, pero que el doctor Nicolai Dahl lo había curado. "Con esta obra está recuperándose, y es un año feliz para él", añade. "Hay una emotividad que está muy visible, porque era romántico, en oposición a lo clásico en el que esa emotividad siempre está contenida, y en la que no hay desbordes", advierte.

Conocimiento

Sangrígoli no oculta su amplio saber sobre los artistas y el profundo conocimiento de sus obras. Quizá porque, como ella misma sostiene, el intérprete recrea la obra, pero para hacerlo debe tener un gran conocimiento de ella". Por eso es que cuando se le pregunta si entre el intérprete y la obra hay una relación de obediencia debida lo refuta terminantemente. "No, no hay obediencia debida, hay una recreación. Por ejemplo con Beethoven, no nos dejó una grabación sino un papel; uno debe dar vida a ese papel, debe recrearlo", asevera. De todos modos, este paso debe hacerse con respeto: "no puedo tomar la partitura y hacer lo que quiero. Hay que estudiarlo, leerlo y tratar de comprender lo que el compositor quiso decir, y cómo, aunque claro, alguien puede ver algo distinto a lo que uno ve".

Ella también es compositora (música clásica-contemporánea, es decir académica), pero admite que le dedica poco tiempo. "Cuando se es músico académico se posee un tesoro: poder tutearse con los grandes genios de todos los tiempos. Es un privilegio, por eso uno debe estar en contacto siempre con ellos. A ese privilegio hay que ganárselo todos los días, tarea que no se realiza con mucha felicidad. Así como cuando usted trabaja su patrón es el dueño de todo esto (señala al referirse al edificio de LA GACETA), mi patrones son Mozart, Beethoven, Rachmaninoff".

12 pianos

A los 14 años Sangrígoli ofreció recitales, a los 17 actuó con una orquesta como solista y a los 18 fue ganadora del Concurso Nacional del Servicio Cultural Francés en Argentina. Así recibió una beca del gobierno francés para perfeccionamiento en París. Pero antes, a los 12 años, ya tocaba en Radio Nacional. Cuando se la interroga sobre la elección del piano recuerda su infancia, una antigua casa en Bolívar, en la que su padre enseñaba en el pueblo. "Pero había 12 pianos en las distintas habitaciones -reveló-. En un momento aproveché que mi padre no estaba y empecé a tocarlo... Pero no, cuando una es una niña no hay elección".

ACTÚA HOY

La pianista se presentará a las 22 en el Teatro San Martín (avenida Sarmiento 601).